Si tu hijo de 3 años no juega con otros niños y prefiere estar a su aire en el parque, lo más probable es que esté justo donde le toca: en el juego en paralelo, esa fase en la que dos niños juegan uno al lado del otro, con los mismos cubos y la misma arena, sin jugar todavía juntos. A los 3 años muchos niños están entrando y saliendo de esa etapa, y a otros les cuesta un poco más dar el siguiente paso.
Lo que sigue son cosas que suelen contar las familias y los educadores de escuela infantil, sin valor de pauta médica, y que nadie te explica cuando ves a tu hijo apartado en la fiesta de cumpleaños.
Lo que nadie te cuenta del juego en paralelo
En los años treinta, la socióloga estadounidense Mildred Parten observó a niños de 2 a 5 años en una escuela infantil y describió varias formas de jugar que se siguen usando hoy para explicar cómo cambia el juego con la edad. Entre ellas, el juego solitario, el de mirar a otros, el juego en paralelo, el asociativo (comparten material, pero cada uno a lo suyo) y el cooperativo, en el que ya hay un objetivo común, como construir una torre entre los dos o jugar a las cocinitas con papeles.
El juego en paralelo aparece sobre los 2 años y suele durar hasta los 3 o los 4. Desde fuera parece que no se hacen caso, pero se están copiando, se miran de reojo y aprenden qué hace el otro con la pala, como quien ensaya.
No son escalones rígidos. Un mismo niño puede jugar en paralelo en el arenero, solo con sus coches en casa y en grupo cuando el juego es correr detrás de las palomas.
Mi hijo de 3 años no juega con otros niños, y quizá sí lo hace
Muchas veces el problema es la definición de "jugar". Un adulto espera ver dos niños hablando y repartiéndose papeles. Un niño de 3 años puede estar jugando con otro cuando le pasa un cubo sin decir nada, cuando imita lo que hace o cuando se ríe a la vez.
Prueba a mirarlo durante diez minutos sin intervenir. Fíjate si se acerca a otros niños, si mira lo que hacen, si copia algún gesto. Eso ya es interés social. Y fíjate también en el contexto: no es lo mismo un parque lleno un sábado que una tarde tranquila con un solo niño.
Lo que nadie te cuenta de compartir
A los 3 años compartir cuesta muchísimo. Para un niño de esta edad, la pala que tiene en la mano es suya mientras la tenga, y el turno es una idea que se está estrenando. Que no quiera dejar sus juguetes no significa que no quiera jugar con otros. Muchas peleas en el arenero empiezan precisamente porque los dos quieren jugar a lo mismo.
Ayuda llevar juguetes repetidos al parque (dos cubos, dos palas) y no obligarle a prestar su juguete favorito. Es más fácil empezar a compartir lo que no le importa tanto.
Lo que nadie te cuenta de las palabras
Para jugar a algo juntos hace falta ponerse de acuerdo, y a los 3 años eso todavía se hace con pocas palabras. Hay niños que hablan mucho en casa y se quedan callados con otros niños, y niños que juegan perfectamente con gestos. Puedes ayudarle dándole frases cortas que pueda usar, como «¿jugamos?», «me toca» o «¿me lo dejas?», y practicarlas en casa con sus muñecos antes de ir al parque.
Lo que nadie te cuenta del carácter
Hay niños que necesitan observar mucho antes de entrar. Se quedan al borde del grupo, miran, y al cuarto día en el mismo parque se meten en el juego como si nada. Esa es su forma de llegar.
Con estos niños funciona mal empujar ("venga, ve a jugar con esa niña") y funciona mejor estar cerca, describir lo que ves ("esos niños están haciendo un castillo") y esperar. Si lo presionas, suele retroceder.
Al revés también pasa: el niño que se lanza a por todos y luego no sabe cómo seguir. Para él, el reto es otro, aprender a esperar y a no quitar.
Lo que nadie te cuenta de los hermanos y los adultos
Un niño que pasa mucho tiempo con adultos o con hermanos mayores a veces prefiere jugar con ellos porque se adaptan a él. Los niños de su edad no lo hacen: le quitan el juguete, no entienden su juego y no le esperan. Es normal que al principio le resulte menos atractivo.
Y un niño que empieza la escuela infantil o el colegio a los 3 años está aprendiendo muchas cosas a la vez. Puede que en casa te diga que no ha jugado con nadie y que su profe te cuente lo contrario. Pregunta a la educadora o al tutor qué ve en el aula y en el patio. Tiene más información que tú sobre esa parte de su día.
Cómo ayudarle sin forzar
Hay pocas cosas que de verdad ayudan a esta edad, y todas tienen que ver con repetir y con espacios tranquilos.
- Ir al mismo parque a la misma hora varios días seguidos. Ver las mismas caras le da confianza.
- Quedar con una sola familia, no con cinco. Un plan corto, de una hora, en un parque o una plaza.
- Elegir juegos que se puedan hacer uno al lado del otro: arena, agua, plastilina, pompas.
- Jugar tú un rato con los dos niños y retirarte poco a poco.
- Probar los cuentacuentos de la biblioteca municipal o una ludoteca, donde hay una actividad que guía el rato.
- Leer cuentos sobre hacer amigos y hablar de ellos.
Ninguna de estas cosas da resultados en una tarde. Se nota a lo largo de semanas.
Cuándo consultar
La mayoría de las veces, que un niño de 3 años juegue más en paralelo que con otros es parte de su desarrollo. Pero tú conoces a tu hijo mejor que nadie. Si algo te inquieta, como que no mire a los demás, que no muestre interés por otros niños en ningún contexto, que haya perdido palabras o habilidades que tenía o cualquier otra cosa que te haga dudar, si te preocupa, consulta al pediatra. En la revisión del niño sano también puedes comentarlo con calma, aunque no haya nada concreto.
Lo que nadie te cuenta de ti
A veces lo que más pesa es nuestra propia ansiedad. Vemos a otros niños jugando en grupo, comparamos y nos preguntamos si estamos haciendo algo mal. Los niños lo notan. Si tu hijo ve que cada visita al parque es una prueba, el parque deja de ser un sitio para jugar.
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